“Contigo no, prima.” Eso no tenemos claro todos, ¿verdad? Es decir, sabemos que la endogamia está mal. Socialmente lo tenemos asumido. Pero, ¿sabemos por qué? No es que sea feo, es que es genéticamente perjudicial. La respuesta es muy simple.

  • Si apoyas siempre con el pie que te duele te va a doler más, ¿verdad?
  • Si sólo echas la Primitiva no te puede tocar el Euromillón, ¿no es así?
  • Si sólo pones Telecinco, ¿cómo esperas entender eso de la Física Cuántica?

Vamos, que la variedad genética es una ventaja. En nuestro ADN tenemos dos representantes de cada gen, uno del padre (de los dos que tenía, heredas uno) y uno de la madre (ídem). Si alguno de tus padres tiene un gen defectuoso y lo heredas es posible que uno de tu familia también tenga ese gen defectuoso. Y cuanto más parentesco genético, más probabilidades hay de juntar ese gen defectuoso. Al final, la endogamia, el incesto o cualquier unión genética que tenga un vínculo muy alto hace que perdure lo “malo”.

Lo bueno surge siempre de la búsqueda, lo malo del conformismo. Y esto ha pasado con los Linces Ibéricos. Este felino, el Lynx pardinus, sólo habita en la Península Ibérica y de unos 100 ejemplares que había en el 2000 ya son más de 400, por el esfuerzo que están llevando en la cría de esta especie. Aunque de forma silvestre su reproducción y supervivencia peligran…

Están en peligro de extinción, sí, y son adorables, también. Pero tienen una desventaja: su baja diversidad genética. Los Linces Ibéricos son los Lannister del mundo animal. Sus dificultades de adaptarse al entorno son causadas por la endogamia, en su estado silvestre. Al menos, esto han demostrado estudios de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), publicados recientemente en la revista Genome Biology.

El lince ibérico presenta una extremadamente baja diversidad genética y esto hace que en sus genes haya numerosas variantes genéticas dañinas, en mayor cantidad que otras especies de mamíferos muy amenazados, como el guepardo o el demonio de Tasmania.

protoon-39-1 “Ser un lince no parece ser tan bueno…”, por Dani Gove y Santi García.

¿Y en los humanos, hay endogamia?

En nuestra era se conoce la endogamia entre los Austrias, como Carlos II “el Hechizado”. La endogamia de sus antecesores (hasta el siglo XVIII) le provocó  que, además del aspecto, tenía hipófisis y no pudo reproducirse, por lo que dio fin a esos genes defectuosos. Esto provocó también guerras de sucesión, pero ese es otro tema.

Carlos II, fruto de la endogamia entre los Austrias.

Podemos escuchar a Ricardo Moure en el programa “En el aire: con Andreu Buenafuente“, que nos habló de la endogamia en la Historia y destacó además de las desventajas, la pequeña ventaja que provoca esto en cuestiones de fertilidad…

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